Pese a fuertes experiencias en el ámbito de la salud, poblados de importantes agravios y causales, éxitos, creo importante rescatar el valor que posee ser paciente y aguardar lo necesario para obtener los mejores resultados de cualquier proyecto en el desarrollo profesional y personal.
Esta reflexión se acompaña de una importante cuota de reconocimiento, basado en la experiencia de no siempre haber tenido paciencia.
Pocas veces he logrado encontrar el tiempo suficiente para analizar y rendir cuentas, si una determinada situación o resultado, pudo haber alcanzado mejor solución, si se acompañara eventualmente de mejor o mayor paciencia.
La paciencia es un intangible de impreciso valor.
Se acompaña de relevantes cuotas de una muy personal percepción de idoneidad, respecto al mejor momento en que algo puede o no alcanzar su mejor momento para una decisión final.
Las cargas emocionales que acompañan habitualmente la toma de decisiones, son corrientes importantes que influencian significativamente la cantidad de paciencia que se pueda tener para con la gente y con los hechos en vida.
Una recomendación que puedo colaborar en desarrollar a materializar la paciencia es la de intentar ejercicios ocasionales de pensamiento reflexivo. Con esto quiero invitar a no tomar decisiones en el calor de las emociones, sean estas buenas, medias o malas, sino que tomarse unos segundos de meditación respecto al entorno que acompaña la necesidad de tomar decisiones. Recomiendo acompañarse de ejercicios de balance situacional, por ejemplo, pensando en opciones sobre los extremos de la balanza, buscando aplicar que pasa si tomo medidas inmediatas al hecho, de forma reactiva o si bien, pauso esa medida reactiva; medito y propongo alternativas a esa acción por tomar.
Bien puede ser no hacer nada, o bien hacer algo que no cause un severo impacto sobre el hecho, sino que de forma representativa, evidencie que tengo interés en el asunto, sin embargo externo que quiero tomarme un poco más de tiempo para tomar la mejor decisión y cotejar mis opciones con el entorno que rodea la decisión a tomar.
Esta reflexión se acompaña de una importante cuota de reconocimiento, basado en la experiencia de no siempre haber tenido paciencia.
Pocas veces he logrado encontrar el tiempo suficiente para analizar y rendir cuentas, si una determinada situación o resultado, pudo haber alcanzado mejor solución, si se acompañara eventualmente de mejor o mayor paciencia.
La paciencia es un intangible de impreciso valor.
Se acompaña de relevantes cuotas de una muy personal percepción de idoneidad, respecto al mejor momento en que algo puede o no alcanzar su mejor momento para una decisión final.
Las cargas emocionales que acompañan habitualmente la toma de decisiones, son corrientes importantes que influencian significativamente la cantidad de paciencia que se pueda tener para con la gente y con los hechos en vida.
Una recomendación que puedo colaborar en desarrollar a materializar la paciencia es la de intentar ejercicios ocasionales de pensamiento reflexivo. Con esto quiero invitar a no tomar decisiones en el calor de las emociones, sean estas buenas, medias o malas, sino que tomarse unos segundos de meditación respecto al entorno que acompaña la necesidad de tomar decisiones. Recomiendo acompañarse de ejercicios de balance situacional, por ejemplo, pensando en opciones sobre los extremos de la balanza, buscando aplicar que pasa si tomo medidas inmediatas al hecho, de forma reactiva o si bien, pauso esa medida reactiva; medito y propongo alternativas a esa acción por tomar.
Bien puede ser no hacer nada, o bien hacer algo que no cause un severo impacto sobre el hecho, sino que de forma representativa, evidencie que tengo interés en el asunto, sin embargo externo que quiero tomarme un poco más de tiempo para tomar la mejor decisión y cotejar mis opciones con el entorno que rodea la decisión a tomar.